26.9.05

Asdfg y Qwert

Como aprendí mecanografía con método de repetición me cansé de teclear a ciegas folios y folios de combinaciones que empezaban con asdfg, ñlkjh, qwert, poiuy, y se iban complicando después y retorciendo en lecciones de habilidades sucesivas. A veces, para relajarme, descansaba y descansaba escribiendo a mi aire en la misma olivetti studio 44 relatillos en los que, según las necesidades narrativas o el dramatis personae, el personaje era Asdfg Qwert o los personajes eran Asdfg y Qwert, uno y bino, malo y bueno, alfa y omega, masculino, femenino, epiceno o ambiguo, nombres vacíos, sin referente e intercambiables. Siempre pensé que en aquellas aleaciones digitales había una onomástica universal, hasta que leí «Las cosmicómicas», de Italo Calvino, y me encontré con otros nombres azarosmente alfabéticos, virtualmente mecanográficos, y quedé privado del primer golpe literario de la invención, del que por nombrar primero nombra para siempre. Desde entonces Asdfg y Qwert quedaron condenados a cuadernos de anillas o libretas de aula (antecedentes de WordPad), forman parte sólo de mis notas, son los Juan y Pedro de la aritmética o la gramática, los P y los Q de mis silogismos, mi Cayo y mi Sempronio, en suma.