16.1.06

Meteorología

Conocí a una anciana que interpretaba la información meteorológica de los telediarios de modo escueto: A «Agua» y B «Buen tiempo». No es ningún disparate. Cuando una representación de meteorólogos británicos presumió de acertar en el cuarenta por ciento de sus pronósticos, Churchil les respondió que, en ese caso, deberían intentar equivocarse, porque mejorarían notablemente el porcentaje de aciertos. La anciana, pues, aun sin saberlo, seguía la estretagia sugerida por Churchil. No sé si la ciencia o la adivinación meteorológica han progresado mucho en el conocimiento atmosférico. A veces creo que sí, porque la meteorología se ha convertido en la estrella de la información, ha copado los telediarios, los partes radiofónicos, los boletines horarios, las desconexiones terriotoriales, las ruedas matutinas, ¡qué obsesión, señor, y qué suplicio! Pero más veces creo que no, porque todo en tan pertinaz perorata audiovisual son locuciones de incertidumbre: en torno a, temperatura similar, nubes y claros, cielo semidespejado, leves precipitaciones, vientos moderados. En resumen, matices, reservas, probabilidades, conjeturas, presunciones, ni sí ni no, tal vez, quién sabe, la perplejidad de las Azores, pero, a fin de cuentas, como decía la anciana, A y B: borrasca, anticiclón y viceversa.