16.1.08

Correspondance

«La Nature est un temple où de vivants piliers / laissent parfois sortir de confuses paroles» (poética más o menos oficial del simbolismo) son los primeros versos del poema ‘Correspondances’, de Baudelaire, del que esta semana se me había ocurrido hablar en clase, antes de llegar a Rubén Darío y el modernismo, con la malsana y perversa presunción retórica de entrelazar las correspondencias horizontales de los perfumes frescos, dulces y verdes, con las correspondencias verticales de los perfumes «corrompus, riches et triomphants» y «les transports de l’esprit et des sens», pero me he quedado atrapado en la terquedad de un muchacho incapaz de entender la frase «la naturaleza es un templo». He volteado columnas, bosques de símbolos, oboes, praderas y demás artesanía estructural, pero todo en vano ante la sinceridad denotativa de quien se niega a entender que «la naturaleza es un templo» pueda tener sentido, referente, representación o realidad. Hasta que alguien ha hallado el más perfecto, sencillo y transparente reverso lingüístico de la correspondencia: «El instituto es una mierda». Conclusión: no «siempre la claridad viene del cielo».